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martes, 7 de diciembre de 2010

CUENTO: Las piedras azules


LAS PIEDRAS AZULES
                                                              Escrito por: Esther Castilla

Hace muchos años, cuando yo era pequeña, empecé a ir al colegio no quería, con el uniforme y las dos coletas que me plantó mi madre...
Llegamos a la puerta, entonces vi algo que realmente me gusto. El patio..
Un patio enorme lleno de niñas vestidas igual que yo jugando, entonces me animé, me solté de la mano de mi  madre y corrí a jugar..
Ese año fue un poco raro, todo niñas, no sabia que había otro sexo. jeje
Y claro como yo de siempre he sido una gamberra, pues siempre estaba junto a mi amiga Vanesa castigada por hacer travesuras...
El caso, es que al año siguiente entraron chicos.¿Pero que era eso ?, esa especie de seres humanos súper brutos con los que siempre estábamos peleando, y además. ¡Éramos mayores!
Bueno, voy a la historia:
Ese año, en el que entraron los chicos, esa rara especie, pusieron un columpio nuevo, un columpio de esos que se balanceaban de una lado al otro y te sientes libre, hacíamos unas filas enormes, pero, el caso es que... había que montarse en ese columpio aunque nos tirásemos el recreo esperando, pero, cuando llegaba mi turno, noto unos golpecitos en el hombro.
Era uno de esos niños nuevos, rubito, con los ojos verdes, muy guapetón, pero yo, con seis años, ¡como que solo pensaba en el columpio!
El niño me abrió la mano y me dio una piedra azul, yo la mire, lo mire, y sin darle importancia me la metí en el abrigo, y mi dirigí a mi sueño, al columpio,
Ese objeto de deseo que se balanceaba y te hacía sentir tan libre, y el niño mirando..
Al día siguiente otra vez, suena el timbre, y todos al columpio, y otra vez, cuando me fui a subir, el niño de ayer, me da un golpe en el hombro y me da una piedra azul..
Así un día tras otro hasta que tenia el bolsillo lleno de piedrecitas, yo las guardé, porque tengo esa manía, de guardarlo todo. Pero a la semana siguiente hay estaba otra vez y yo ya sin decir nada puse la mano y veo otra vez la piedrecilla.

-Oye, le dije con mal genio, que de estas ya tengo muchas. ¿No tienes de mas colores?
Entonces el niño, bajó la cabeza y se fué.
Pasaron los años y un día en la cafetería del instituto, que es donde hice mis estudios, entre café y bocatas de tortilla de patata... Lo vi, estaba más crecidito, mejor formado, pero esos ojos eran inconfundibles.
Entonces lo llame:
-Hola, le dije con cierta vergüenza.
-Hola me dijo extrañado.
-Eh, bueno le dije yo titubenado, soy una de las niña que iba contigo al colegio, a la que le dabas las piedras... azules...
Que pena que con seis años no supiera apreciar. Porque el niño. ¡Como estaba.! Pero en fin, los años pasan, le pregunté que tal y me presento a su novia, me fijé en algo que me llamó mucho la atención, ella llevaba como collar, pulsera y pendientes, las mismas piedrecitas que él me había regalado de pequeña y que yo, un año tiré.
Entonces, cuando nos fuimos a despedir, le pregunte:
- Oye, perdona, pero tengo una duda desde hace años.-¿Porque me dabas esas piedras azules. ?
-Porque, me prometí que la primera vez que viera a la chica de mis sueños, le regalaría el cielo en pedazos.
Yo me quede destrozada, así que, desde entonces, cualquier detalle que me dan, si sé que es con cariño, lo guardo.
Sea una piedra, un cardo, un grano de arena, un pañuelo o un dibujo...
Si es con cariño, es el mejor regalo del mundo, y lo mejor que yo puedo ofrecer de mí, son mis pequeños cuentecillos, por eso te lo mando a tí.
Espero que te guste, lo he hecho, pensando en vosotras/os.
 Gracias por estar hay cuando os necesito.                 
                                                                          Un besazo

1 comentarios:

CRISTINA dijo...

Me encanta!!!!! eres una gran escritora tata es muy bonito. un besazo

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